11/12/2013

Puro teatro


                          Puro teatro






 Cuando se cumplen seis meses de la ausencia de nuestra Sara, nos llegó la triste noticia del fallecimiento de una de la grandes de nuestro cine y teatro, Amparo Rivelles. Ella dijo una vez: "Cuando muera no debéis de estar tristes, porque me lo he pasado muy bien."
 Ahí esta su obra,  llena de talento e imperecedera.









 Te pones a pensar y…  ¿quién podía imaginar que cuando Sara conoció y le pidió aquel autógrafo a Amparo, allá por el año 1944 llenas de vida y todo por hacer, emprenderían con una diferencia de seis meses ese viaje sin retorno?


                                                                      Julio 1944





También se nos fue AmparoSoler Leal, otra gran personalidad del cine y teatro y que contó con toda mi admiración.






 Amparo trabajó en dos películas con Maurice Ronet. Una de ellas fue La vida es magnífica (1964) con guión y dirección del propio Maurice Ronet y donde Enrique Herreros amigo y representante de Sara durante muchos años hizo su última aparición cinematográfica



 Me gustaría tener la certeza (¿y quién no, verdad?) que por ahí, no se sabe dónde, hay un teatro inmenso donde estarán todas preparándose para deleitar a todos los que ya no están entre nosotros y quisimos profundamente.

  Mi realidad me dice que sí, que ese inmenso  teatro existe, que está aquí, mucho más cerca de lo que creemos, tan cerca como puede ser en nuestro pensamiento y corazón. Mientras así sea, todo estará bien. El telón bajará y subirá de nuevo mil veces. Y nuestra Sara Montiel, por siempre jamás, seguirá deleitándonos y sin cantar su definitivo y último cuplé.



 En agosto de 1944, Sara y Amparo compartieron por primera vez página en la desaparecida revista de cine Primer Plano.

 Amparo llegaba a Sevilla para rodar los exteriores de su película Eugenia de Montijo y Sara rodaba la suya: Empezó en boda.


                                                       Tres firmas

Ya lo había dicho antes (creo): ha habido por lo menos tres etapas decisivas y transcendentales que marcarían definitivamente el asentamiento de Sara Montiel en la cinematografía nacional y como mito hispano internacional.  Esos momentos decisivos vinieron sellados por cuatro firmas que estoy seguro, debió dar Sara gracias a Dios más de una vez, o a quién corresponda.

 El sustancioso contrato que firmó con Benito Perojo y Cesáreo González por cuatro películas: La violetera, Carmen la de Ronda, Mi último tango y Pecado de amor embolsándose 140 millones, cuatro millones de dólares de la época.

El contrato que firmó con el gran empresario teatral Joaquín Gasa y que la llevó a presentarse por primera vez en un teatro ante el público español con su espectáculo Sara Montiel en persona. Y ya, si es que podemos separar el amor de los negocios, fue el día que se conocieron Pepe Tous y Sara un 28 de febrero de 1970 y la posterior firma de amor que sellaron como José Tous y María Antonia Abad el día 30 de julio de 1979.




                    Vuelta atrás

 Acercándonos a los años setenta, y siendo consciente de que su cine, ese cine con nombre propio se acercaba a su fin, Sara se encontraba en un momento de plenitud en todos los aspectos; pero también es cierto que María Antonia se planteaba qué sería lo mejor para su otro yo, ese 50% que es Sara Montiel.







 Sara Montiel, guiada inteligentemente por María Antonia, era consciente para sus adentros que necesitaba darle un nuevo enfoque a su carrera. Necesitaba un cambio, posiblemente no un cambio radical, como decían muchos, pero sí un cambio. Buscó nuevas canciones y nuevos directores que entendiesen que estaba dispuesta a adaptarse, a hacer algo distinto, pero siempre sin olvidar el personaje, la personalidad que tanto trabajo le había costado perfilar hasta conseguir el éxito. De hecho si Antonia siguió siendo hasta el último instante de su vida Sara Montiel, a pesar de los cambios y de los años transcurridos desde aquel año en que se estrenó El último cuplé, fue precisamente por haber sabido evolucionar en su arte, sin dejar de ser  Sara Montiel.





             Un horizonte de libertad



 España estaba cambiando y los gustos del gran público con ella.

 El cine ya no era el mismo, se  hacian buenas películas. Es cierto que había que buscarlas con lupa, pero las había. La férrea censura franquista era un poco más permisiva sobre todo permitiendo un poco más de “muslo y pechuga” y representar al hombre español como un autentico cateto de boina e ir babeando cada vez que aparecía una mujer en su camino. Personajes patéticos y a la vez entrañables, que si se mantienen hoy día a flote es por la profesionalidad y buen hacer de unos actores verdaderamente increíbles y maravillosos.  Los actores tenían que trabajar y la oferta era la que era si querías vivir de tu profesión.

                          El cine S



 Ya con la desaparición del dictador, el cine pasó por otra fase, aquella del llamado “destape”. En realidad fue una época complicada para un tipo cine totalmente descontrolado. Medio mundo vio a España como un gran consumidor de un determinado tipo de cine. Nos llegaban películas de todas partes aquellas con la (S). Imagino que Francia y más concretamente Perpignan, vieron como su gran negocio se les venía abajo. Ese desfile de autocares llegados de España para ver a Marlon Brando y a María Schneider en El último tango en París (1973) desaparecía afortunadamente. Sara siempre asociaba su adiós al cine con aquella etapa llamada "destape" del cine español.
 






 Después de una represión tan brutal, pues tenía su lógica que si era invierno y estaba lloviendo  ¡te quitaras la ropa para coger el paraguas! Cualquier pretexto era justificable para quitarte el ropaje que llevabas puesto. En realidad tenían razón, el vestuario sobraba. El vestuario era el único argumento que muchos no querían ver. Toda esa parafernalia posiblemente sirvió para que pudiéramos apreciar el cine que vendría después, ya un poco puestos al día en cuanto a desnudos se refiere…



 Muchas de nuestras actrices y actores se apartaron un poco y enfocaron su carrera en el teatro y en esa pequeña caja mágica que es la televisión. Otras actrices que tuvieron un espacio importante dentro del cine español, se apuntaron a ese tipo de cine intentando cambiar de personalidad, lo que acabo perjudicando seriamente su carrera.










 Sara lo tenía muy claro, y no tenía la intención de meterse en semejante “fregao”. Además ella, ya había aportado a partir de El último cuplé, talento, voz, belleza, renovación, vida mucha vida y sí, escote. Sara Montiel no necesitaba ese tipo de renovación. Ya había innovado suficiente, ahora tenía la vista puesta en otro reto, por llamarlo de alguna manera, y era presentarse a su público en persona, pero no de cualquier manera sino a lo grande, en mayúsculas SARA MONTIEL EN PERSONA.







 




                  Sara Montiel en persona



En 1969, Sara se marcha a Moscú. Antes de partir, el 16 de julio firma un  contrato con el famoso empresario Joaquín Gasa para su presentación aquí en España a “bombo y platillo”.  Será un musical a lo grande, y que nadie mejor que el señor Gasa puede llevar a cabo. Un compromiso (en principio) de cinco meses para actuar en Madrid, Barcelona y el resto de España. 







 Pero ese cambio y su pronta presentación en el teatro se vio trastocada por la desaparición de su madre. La muerte de Doña María ocurrida el 24 de julio de 1969 sumió a la artista en una profunda depresión. Su segundo matrimonio había sido un error desde el primer día en el que dijo: Sí, quiero. Su relación con Giancarlo Viola tampoco era de lo mejor. Todo un mundo se le vino encima, y aunque estaba acompañada, arropada por su familia y amigos, Sara se encontraba perdida, sin ganas de nada y por primera vez sin saber por donde tirar. 




La madre de Sara, María, vista por el pintor Roca Fuster





 Dejaron a la actriz tranquila un par de meses, pero cuando vieron que no salía adelante, que no levantaba cabeza, apelaron a su sentido de la profesionalidad y que lo mejor sería llevar a buen puerto ese compromiso del que dependían muchos profesionales entre músicos, coreógrafo, bailarines etc. Sara recordaba así aquel estreno: Me hicieron sentir una responsabilidad fuerte sobre mis hombros, para olvidar. Así me presente en el teatro por vez primera en mi vida con Sara Montiel en persona, en la Zarzuela de Madrid. Yo salía como una autómata al escenario, no me enteraba. Llevaba como un piloto automático. La terapia resultó, qué duda cabe, y empecé a remontar el dolor y volver a vivir.











 

         De los diseños y coloridos de los años setenta, ni siquiera Sarita se pudo librar.
                             No obstante, la foto tiene algo que me gusta:
                                                      ¡Sara Montiel!

 Desde que se hizo eco la prensa de presentación de Sara Montiel en persona, se armó un tremendo revuelo. La expectación era máxima. En los circulos teatrales no se hablaba de otra cosa. Las entradas se agotaron nada mas salir a la venta.








 Las críticas alabaron el trabajo de todos. Pero, lo más impactante de todo, fue la aparición de la estrella en el escenario. Los gritos y los aplausos no cesaban. Y cuando se le ocurrió bajar al patio de butacas y cantar su Fumando espero, ya fue tremendo.






 Joaquín Gasa lo explicaba así:

 Hace cuatro años, en Valencia, en el homenaje de despedida que se tributó a Conchita Piquer, vi. actuar por primera vez “en persona” a Sara Montiel. Me produjo tal impresión su modo fabuloso de cantar y de expresar canciones que ella misma había hecho célebres en el cine, que allí mismo hablé con ella sobre la posibilidad de montar un espectáculo teatral para su presentación en los escenarios españoles. Sara me prometió que cuando se lo permitiera su continuado trabajo en el cine, actuaría en ese espectáculo que yo montaría expresamente para ella.
“Y Sara Montiel ha cumplido su palabra. Mi admiración y mi gratitud para esta extraordinaria figura del cine mundial que con su solo nombre, prestigia este espectáculo, que con sus líneas generales responde a las que ella me dio y me propuso. El montaje y la dirección son de Ricardo Ferrante, cuya tenacidad, cuyo esfuerzo agradezco también, así como a la colaboración inestimable de ese gran músico que se llama Gregorio García Segura. Si es la primera actuación personal en un teatro de Sara Montiel, ¿qué mejor título que éste de “Sara Montiel en persona”?.

 

¿Quién fue Joaquín Gasa?
Eso, será otro día.













10/06/2013

Amparo Rivelles




CIFESA





Amparo Rivelles fue otra de las actrices predilectas y admiradas desde siempre por nuestra estrella, a la que conoció junto al actor Alfredo Mayo, durante el rodaje de Deliciosamente tontos. De ella, de Amparo, obtuvo su primer y único autógrafo. Esto nos lo contaba Sara en sus memorias Vivir es un placer y que la misma Amparo Rivelles nos hizo la presentación en su día.





Deliciosamente tontos (1943) Juan de orduña


Amparo Rivelles, Alfredo Mayo y Paco Martínez Soria

Amparo Rivelles fue de las actrices más importantes del cine español de la década de los 40. Pasó su niñez viajando con sus famosos padres, nada menos que Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara, grandes actores que en aquellos años recorrían el mundo sembrando su arte por todos los escenarios. De ahí, que Amparito pasase su niñez entre México, Cuba, París…La niña estaba destinada a seguir la vocación teatral de sus padres y abuelos. De hecho empezó en el teatro de la mano de su madre siendo una niña y con quince años hizo su primera incursión en el cine con la  película Mari-Juana (1940), cuyo estreno no sería hasta el 10 de febrero de 1941.



María Fernanda Ladrón de Guevara en 1928 junto a su hija Amparo


¿Cúando comenzó tu vida de artista?

Después de la guerra. Pero no quiero acordarme de ello. Fue aquella película “Mari-Juana”, una desilusión tan grande que creí que no volvería a hacer otra jamás







Alma de Dios (1941) Ignacio F. Iquino



A la joven actriz la esperaban impacientes, increíbles personajes femeninos de toda índole y condición social, bastantes embutidos en imposibles vestidos y fastuosos decorados de cartón piedra;  Eugenia de Montijo, Espronceda, La fe, La leona de Castilla o Alba de América entre otros exquisitos personajes absolutamente protagonistas. El público español quedó rendido a sus pies y pasó a ser para todos la cara más bonita del cine español contando con el cariño, la admiración y  el respeto del público y compañeros hasta el día de hoy.




Sin embargo, poco después hacía alma de Dios; luego, los ladrones somos gente honrada. A los dieciséis años, mi interpretación de “Malvaloca” me valió un contrato por un año con Cifesa para tres películas, que fueron “Un caballero famoso”  “Deliciosamente tontos” y “Eloísa está debajo de un almendro”

 
Malvaloca (1942) Luis Marquina
 
 
 


Orson Welles la tuvo en Mr. Arkadin (Confidential Report, 1955), coproducción hispano-suiza que el propio Welles realiza en España.

Cuando se agotaron los personajes de heroínas españolas ancladas hace mil años o los personajes que le ofrecían no eran de su agrado, no le importó demasiado, jugaba con la baza que tenía el teatro  rendido a sus pies y donde sin duda la esperaban un sin fin de personajes femeninos deseando ser rescatados de donde fuera que estuvieran escondidos. Aunque a decir verdad, el cine nunca le dio la espalda.


El Clavo (1944) Rafael Gil

¿Y teatro?
Empecé por pura casualidad, en Vigo, en un papel de “Siete mujeres”, de Torrado y Navarro. Pero después de representar algunos pequeños papeles, un incidente me elevó de golpe y porrazo. Estábamos en Zaragoza;  se puso enferma la dama joven de la compañía, Ana María Noé, cuando iba a comenzar la representación de “La madre guapa”, y mi madre, ante el conflicto, me dijo: “Pues hazlo tú”. Y lo hice. Y fue tal el éxito de madre e hija en el escenario, que en poco más de un año dimos  ochocientas representaciones de aquella obra.

Ana María Noé estuvo en la película Esa mujer de Mario Camus




El teatro la llevó a México y lo que parecía serian unos meses de trabajo, se convirtieron en años alejada de España.

El esqueleto de la señora Morales, de Luis Alcoriza  (1959) fue su primera película en México junto al actor Arturo de Córdoba. El esqueleto de la señora Morales está considerada una de las mejores películas del cine mexicano y la primera reconocida del llamado humor negro. En México, Amparo Rivelles fue tremendamente popular. Hizo catorce películas y un sin fin de telenovelas.




Regresó a España y al cine español con la película “La Coquito” coproducción España-México de Pedro Masó. Estuvo magistral como la mamá de una  cupletista cubana, personaje interpretado por Iliana Ros y doblada por Blanca Villa.
También la pudimos ver en la estupenda y ya mítica serie de TVE Los gozos y las sombras, junto a su hermano Carlos Larrañaga, (fallecido el pasado año) y la enigmática y maravillosa Charo López.




A lo largo de los años, TVE ha tenido el acierto de reponerla y hemos podido disfrutar de nuevo con una historia que podía haber envejecido, pero que sigue ahí cautivándonos a través de unos personajes siempre vivos y a descubrir.

Los gozos y las sombras (1982)




La distinción
y la elegancia
son las cualidades
de quienes usan
los productos"Marlice"




Sara Montiel, Aurora Bautista, Amparo Rivelles, Emma Penella, la gran Imperio Argentina y Paquita Rico




  
 Los gozos y las sombras es la prueba junto a series de la talla de Fortunata y Jacinta, Teresa de Jesús y alguna que otra más, que, cuando no intentamos copiar o imitar a nadie y recurrimos a la enorme riqueza de nuestros autores los de siempre y a los de ahora y ponemos en marcha a nuestros actores, la cosa sale rodada. ¿Y Sara?




Sarita en esos años (volviendo otra vez a los años de  Deliciosamente tontos) estaba comenzando a vivir su sueño e iba a por todas. A pesar de que el cine español no sabía muy bien donde encajarla. Demasiado sensual quizás para una España, para un cine que intentaba ocultar y recortar cualquier rasgo sexual en los personajes femeninos y ya no hablemos del vestuario. 






A penas unos meses antes, en julio de 1944 un periodista que se asomó al rodaje de Empezó en boda, escribió y  publicó lo primero sobre Sarita y fue lo siguiente:





Podemos anunciar hoy la revelación inesperada de una nueva y auténtica estrella del cine español: Sara Montiel. El acontecimiento merece un breve comentario, para que todos los aficionados al séptimo arte tomen nota de este eufónico nombre, pleno de sugerencias, que pronto será uno de los que más destaquen entre el acervo artístico de nuestra producción.
Sara Montiel es muy joven, y no procede del campo teatral. Puede decirse que adviene al campo de las imágenes desde las aulas severas del colegio. Su gran sinceridad de expresión, su fina belleza, la simpatía que despierta en su entorno, todo hace esperar que Sara Montiel, como interprete, alcance todo cuanto las muchachas de su edad –dieciséis abriles- sueñan desde la altura de su ilusión.


Nadie como ella supo sincronizar sus facultades y su vocación.



Cuando miramos al cielo esperando ver las Perseidas, Lágrimas de San Lorenzo o estrellas fugaces, la belleza radica en ese polvo brillante y efímero  de apenas unos segundos. Pero, ¿acaso no es más bella esa estrella que permanece ahí brillando eternamente?










Estaba claro que aquella chiquilla de profundos ojos verdes y pelo “jaro” no quiso vivir contemplando las estrellas, quiso formar parte de ellas… Sin duda, el sueño se ha cumplido.

Ven y ven y ven

08/05/2013

La triste ausencia



La triste ausencia
(A Violeta Riscal)



Hoy hace un mes, treinta días con sus minutos y sus segundos. Así  nos lo recuerda el calendario y el reloj. El reloj fue protagonista de un  precioso y triste bolero aquel que decía:



 Reloj detén tu camino
Porque mi vida se apaga 
Ella es la estrella 
Que alumbra mi ser

Yo sin su amor no soy nada. 





Maravilloso  bolero este  de Roberto Cantoral que Sara hizo suyo,  como tantos otros boleros y que plasmó en aquel relajante LP anoche... con Sara.



 


No podemos decir que se ha convertido en un mito, porque ya lo era, tampoco  eso de leyenda o icono porque también lo fue cuando respiraba junto a nosotros…Se fue sabiendo todo eso y mucho más. Incluso hay quien dice que fue una diosa, pero eso sí, de carne y hueso. ¿De qué diosa se puede decir eso? Eh, amigos ¿De que diosa?




Es hablar de Sara y siempre me desvío de lo que realmente quiero decir. Divagar y divagar y siempre temiendo que a quienes me leen, les acabe desesperando o lo que sería peor, aburriendo. Poco puedo hacer, siempre lo digo, porque es mi forma de ser, aquí y fuera. Pero  sé que nos entendemos y compartimos por igual ese vacío que nos ha dejado. Quiero daros las gracias a todos por animarme a seguir con el blog. Los paréntesis que a veces hago, sé que lo sabéis, no son porque no me apetezca seguir posteando; ocurre que a veces todo se complica y aunque parece que es fácil escribir cuatro letras, no es así, o por lo menos no para mí. No quería parecer desagradecido y quería que lo supierais.




Cumplo 5 años


Por cierto, este blog ha cumplido cinco años. Fue en marzo de 2008, un pésimo año para mí. Y aunque estuve muy arropado por mi gente, en los momentos esos de soledad visitingsaramontiel y el blog me ayudaron mucho, me dieron ese espacio para soñar que necesitaba. Hay quien se agarra a la Biblia, pero a mí no me ha funcionado nunca… En serio, gracias, por ese montón de visitas que recibo a diario, incluso cuando ha pasado tanto tiempo sin escribir nada, habéis estado ahí. ¡Mil gracias!


 


En realidad, siempre soñé con tener un espacio como el que tiene Erika, y si tengo que ser sincero visitingsaramontiel, supero con creces cualquier sueño que pude haber tenido al respecto. Nunca vi nada igual. ¡Cuanta belleza visual!

¡Qué fotos y cuánto derroche de cariño y admiración! Y para más inri la Web no es española sino norteamericana. Hay una cosa que sé cierto que me iguala con Erika, y es la autenticidad, el respeto, la admiración y un profundo cariño por Sara Montiel. Como decía Sara: “Marvellous!”.



 SARA, MÉS QUE MAI!!! 







 

Àngel Casas y Sara Montiel.
23 de marzo de 1986















Y a ti, ven y ven Erika.