Epílogo

 

 Se llamaba Luis Francisco Solano y es el autor de este blog. Quiso el destino que yo,  su sobrina, naciera el mismo día que Sarita. Hace un mes y medio que nos dejó tras una dura batalla contra el cáncer y sé que, pese a que ya hacía tiempo que no escribía en el blog, le gustaría que de alguna manera le diera un punto final.  Pero es difícil. Tengo tanto que decir y siento tanta tristeza que me ahogo.

 Luis era un ser hermoso, física y anímicamente.  Tenía luz y ahora, quienes lo queremos, estamos en penumbra, desconcertados, sin saber muy bien cómo encajar este dolor.

 Él supo como nadie captar la belleza en el amplio sentido de la palabra, la elegancia del alma, la autenticidad y, por todo esto, adoraba a Sara Montiel.

 Mi tío me enseñó a leer y a mirar entre líneas, a valorar los matices y las sutilezas en lo que nos rodea y en quienes nos rodean, a respetar la profesionalidad de los artistas y a reivindicar a las grandes glorias, muchas de ellas relegadas a la cuneta del olvido en un país que,  demasiadas veces, le cuesta recordar y rendir cuentas con su pasado. No es el caso de la Sarita, pero sí de muchos otros…

 De mi tío y de Sara Montiel aprendí  que es importante ser fiel y coherente con uno mismo, que hay que  vivir con intensidad la época que te ha tocado vivir. Aprendí de ellos la necesidad de renovarse, la curiosidad por ampliar tus conocimientos, a disfrutar de la gente que te quiere y a cuidarla…  Son, para mí, ejemplos de vida, ejemplos de belleza.

 Aquí tenéis su blog, casi una enciclopedia. Lo leo maravillada y escucho en cada una de sus palabras su voz.

 Gracias.

 Sole

 

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